La
incorporación (y sus consecuencias) de las nuevas tecnologías en el ámbito
escolar, sostenida por proyectos nacionales y provinciales, es un tema que
provoca acalorados debates. Uno de los objetivos principales de estos proyectos
es lograr la reducción de lo que se conoce como “brecha digital” promoviendo
así, la inclusión. Existe también, una Ley
de Educación Nacional, que contempla la enseñanza y trabajo con TIC
(Tecnologías de la Información y Comunicación) como contenido obligatorio en el
nivel primario.
Ya es
un hecho que la disposición de alta dotación de tecnologías se encuentra en las
escuelas, basta con entrar a cualquier primaria pública de la Ciudad para
toparse con netbooks, pantallas interactivas, proyectores y, otros dispositivos.
Resulta inevitable preguntarse qué se hace efectivamente con ello y con qué
fines.
La
tecnología está en la escuela ¿Y ahora qué? Tengo la sensación, a partir de mi
paso por diversas escuelas primarias, que parte de éstas se encuentran ajenas a
dicha situación. La escuela se encuentra
exenta de los nuevos modos de interacción y conocimiento.
En
parte se suele justificar la situación aludiendo al desconocimiento o miedo al
cambio. Frases como “No se abrir el mail y querés que use la compu en el aula?”
o “los chicos saben más que yo, me superaron” surgen como común denominador
entre los docentes.
Ahora, ¿ese
miedo personal va a permitir que la escuela sea un mundo ajeno a la realidad, a
lo cotidiano? ¿Qué se enseña entonces dentro de esas cuatro paredes? Lo obsoleto
de las prácticas. Si las formas de aprender cambiaron, también debería hacerlo
la enseñanza.
De
todas maneras creo que lo que se haga con estas tecnologías tiene relación
directa con el perfil y vocación de cada docente. Quien sostiene normalmente,
por llamarlo de alguna manera, una práctica de índole tradicional, lo seguirá
haciendo con o sin una alta dotación.
El
saber usar el programa o aplicación se torna secundario. El docente que
promueve el pensamiento crítico, la autonomía del alumno, la ‘construcción’ del
conocimiento, encontrará la manera de seguir haciéndolo en cualquier formato o
soporte. Quien habitualmente reflexiona acerca de su propia práctica,
reflexionará también, acerca de lo que se podría promover incluyendo estas
tecnologías.
Los chicos
están inmersos en el mundo tecnológico ¿Por qué no incluirlo facilitando el desarrollo de competencias y
capacidades que apunten a un aprendizaje significativo? ¿Por qué no pensar a
las TIC como mediadoras de los procesos de enseñanza y aprendizaje?.
Es
importante tener en cuenta que incorporarlas en la educación primaria debe
implicar “algo diferente”, ya que no tiene sentido trabajar “en formato TIC” lo
que se podría enseñar sin ellas. Por eso hay que comprender qué ofrece su uso a
nivel educativo, de qué manera puede potenciarlo.
La
posibilidad de promover “aprendizaje
ubicuo” (en términos de Burbules), aprender en todos lados y en todo momento,
romper con los límites físicos, desarrollar el trabajo colaborativo, entendido
como un proceso social de construcción
de conocimiento, en el cual la interacción entre pares es fundamental
basándose en la interdependencia de conocimiento, son apenas pequeños y breves
esbozos de lo que permite esta interactividad tecnológica que debe estar
acompañada por una interactividad pedagógica que le otorgue un sentido.
Tantos
son los factores que entran en juego con este tema que resulta imposible
siquiera nombrarlos en este medio…
Pero
tengo la convicción de que si se quiere, se puede. El cambio no es imposible,
aunque sea en el reducto del aula. Hay que salir de la comodidad, arriesgarse,
moverse, intentar. Porque el mundo cambia constantemente, la sociedad lo hace,
la escuela debería.
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