sábado, 30 de abril de 2016

¿Escribimos?

Enseñar a escribir tal vez sea una de las más desafiantes y menos discutidas en la escuela primaria. Es común escuchar “estos chicos no entienden” o “no saben escribir”, también se suele hacer responsable al docente a cargo del grupo el año anterior, pero ¿quién hace algo al respecto? ¿Hay un único responsable? Escribir no es una cualidad innata ni se aprende por ósmosis, tampoco tiene relación directa con la oralidad. Es una actividad que requiere intencionalidad.
¿Por qué es desafiante? En parte por la complejidad del proceso y por otro lado por el tiempo y dedicación que le requiere al docente. No solo plantear una propuesta convocante con intencionalidad comunicativa (el para qué escribir), sino también lo que implica seguir el proceso de escritura, teniendo en cuenta que no todos los chicos tienen que trabajar los mismos aspectos ni poseen los mismos recursos para emprender la tarea.
Enfrentarse a una propuesta de escritura no es una actividad sencilla, forma parte de un largo proceso que supone del planteo de ideas, de una planificación, el uso de sucesivos borradores y correcciones previas hasta llegar a la versión final. Ningún texto suele ser publicado sin previas correcciones o de la mirada de otro, siempre hay algo por mejorar o enriquecer.  Ello supone de alguien que acompañe ese proceso y no solo marque hojas, que de herramientas para que, progresivamente, ese alumno se vuelva en un “escritor” autónomo. Un escritor autónomo de textos con un fin comunicativo, no de actividades escolares sin sentido.

Colocar a los chicos en un rol definido con un fin claro y con sentido convoca. Ese es el punto de partida. ¿El punto de llegada? Depende de nosotros, de nuestra intención, seguimiento, creatividad y dedicación que estemos dispuestos a brindar.

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